La enseñanza del inglés y el doble discurso

Las enseñanzas de idiomas son una asignatura pendiente en España. No es una novedad y tampoco es algo reciente. Lo ha sido toda la vida. En la Ley del 70, la LOGSE, la LOE, la LOCE y, por lo que se intuye, también lo será en la LOMCE.
Desde mi baño me surgen dos motivos de este problema, con sus correspondientes soluciones:
– Primer motivo: Un niño aprende inglés escuchándolo, como aprendió español y no pasándose una hora pintando un “circle” de color “red”. Por tanto, el docente debe continuamente hablar inglés, para que el alumno se acostumbre a escucharlo. Ya surgirá en otro momento el debate de que vemos las películas dobladas y no en V.O. (No creo que tengamos que sufrir esa tortura)

– El segundo motivo es algo más profundo: La enseñanza del inglés y quien dice inglés puede decir francés, italiano, alemán… no es igual al resto de las materias y, por tanto, no debe regirse por las mismas normas.
Me explico y “me desarrollo” en la solución.
No debe tener la misma estructura por niveles educativos (primero, segundo, tercero de secundaria) sino por niveles de conocimiento. Al mismo puro estilo de las escuelas oficiales de idiomas.
Al alumno se le hace una prueba de nivel. Supongamos nivel bajo, medio o alto (para no complicar mucho la explicación). En función del resultado, ese alumno irá al nivel que le corresponda, independientemente del nivel que esté cursando.
De esta manera, en el nivel medio, por ejemplo, tendremos alumnos de primero, tercero y cuarto de la ESO, pero coincidente en su nivel de idiomas. ¡Tal y como se hace en las escuelas de idiomas! Así, se facilita la labor del profesor y los alumnos se benefician de la igualdad de condiciones, pues no coexisten diferentes niveles en un aula que tenderán a convertirse en el más bajo al finalizar el curso (pues el profesor debe dar respuesta a todos y acaba bajando el nivel).
Resuelto el problema. Ahora bien, los más entendidos en esto se preguntarán ¿qué hay de la evaluación? Bueno, pues ahí va otra propuesta.
En el boletín de notas no debe aparecer si ha aprobado inglés de primero, de segundo o del curso en el que esté el alumno, sino si ha superado el nivel bajo, el medio o el alto (llámase B1, B2 o como se quiera complicar) y en función de eso, obtener el certificado correspondiente. Obviamente, y esto puede ofender, lo reconozco, la materia de idiomas no debería ser determinante a la hora de la promoción o la titulación porque no sería considerada una materia de un nivel. Es decir, ya no se hablaría de un inglés de tercero o de cuarto de la ESO.

Estas propuestas, que, lo reconozco, vienen de un profano en la materia (dato que utilizarán aquellos que quieran criticarme) seguro que alguien las ha sugerido. Pues entiendo que si un ministro reconoce el déficit lingüístico habrá buscado asesores para solucionarlo. Es ese doble discurso al que me refiero. Los españoles debemos mejorar en idiomas (se llenan la boca los políticos locales y nacionales). ¡Pues carajo, cambien el sistema que no ha funcionado en cuarenta años o más!

En cuestión de organización de los grupos, organización de los centros, es mucho más sencillo que un programa CLIL y no “segrega” a los alumnos (como sí lo hace el mencionado programa, contraviniendo la normativa) en todas las asignaturas, salvo en idiomas, cuya “segregación” considero que beneficia a los alumnos, a los turistas y al amor propio español.

Si es que no sabemos inglés porque no queremos…

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