Sabemos cómo mejorar el rendimiento escolar… pero no queremos hacerlo

Han llegado a mis manos unas reflexiones de las que voy a poner un fragmento de la publicación (hasta el título 5). No tiene desperdicio. Dice el autor que aún están sin terminar. Va por el primer capítulo. Miedo me da. (Disculpen pero en el copia pega no aparecen las notas a pie de página). Ahí va:

1. Status quo

No voy a hacer un inventario de qué es lo que hace falta rectificar… directamente. La información de este documento intenta plantear soluciones y críticas constructivas para mejorar el rendimiento escolar y otras cosas, que ya todos sabemos que van mal.

Tampoco voy a hacer un documento en el que aparezcan estadísticas frías, a expensas de que cualquiera interprete a su manera, ya sabemos cómo es la naturaleza dual de las matemáticas, ni voy a hacer comparaciones con esos países nórdicos en los que tanta gente se suicida.

Pero sí es cierto que la solución no depende únicamente de un sólo sector sino que es necesario que varios estamentos se coordinen y converjan en ella.

A medida que se vaya desarrollando este documento, irán apareciendo los estamentos, instituciones, personas, profesionales, que tienen que intervenir.

Que conste que es sólo una declaración de intenciones, visto desde el prisma ínfimo. La importancia de lo aquí contenido se la dará el lector… o no.

Por tanto, empecemos con el escueto desarrollo del título que encabeza esta sección: el status quo del rendimiento escolar es: el fracaso (así, de golpe).

Y seguirá siendo así hasta que el tren que marca la vida de los profesionales del sector de la educación no se pare, se reflexione y conjuntamente (o mejor debería decir “colaborativamente”) nos sentemos y pongamos cartas en el asunto.

Muchas de las soluciones que se van a plantear van a ser políticamente incorrectas y, probablemente, muchos de mis compañeros de profesión me cuelguen por ello. Eso es lo que me hizo dudar de si poner mi nombre o no como autor.

Después de mucho meditar, pensé “qué demonios” estoy cansado de ser políticamente correcto. Si me quieren crucificar que lo hagan, que todo es por el bien de una causa.

2. La jornada laboral

Vamos de lleno a la primera cuestión delicada donde muchos van a dejar de leer.

Según la normativa vigente en su artículo 36 especifica que de la jornada laboral de un docente de secundaria, 37 horas y media, 8 horas son para preparación de actividades docentes, realización de actividades de perfeccionamiento, etc. de no obligada permanencia en el centro.

Vamos, lo que se conoce como trabajo individual que lo hace uno tranquilamente en su casa sin que nadie le moleste (a excepción de la familia).

Esta cuestión, derivada de otros tiempos mejores, está, a mi entender, completamente desfasada.

En una situación actual, donde la educación/enseñanza debe ser colaborativa, es absurdo que quepan ocho horas semanales de trabajo individual.

Ahora más que nunca, se necesita ese tiempo para trabajar conjuntamente entre departamentos, entre profesores, jefes de departamento con sus profesores respectivos, equipo directivo con el resto, …

Además, un docente con el apoyo de otros emplea mucho menos tiempo para realizar una misma tarea que si lo hiciera sólo en su casa. Pues allí surgen dudas, impedimentos tecnológicos (que los hay y muchos en pleno siglo XXI) que se resuelven rápidamente estando en compañía de otros y que impide que aparezcan las frustraciones que pueden surgir en casa llevándonos a dejar lo que estamos haciendo y a frustrarnos completamente. Aumenta la productividad (que es trabajar menos y rendir más) y disminuye la frustración.

Nos llenamos la boca pidiendo más horas para la coordinación, pero oye, si no es en horario laboral ni hablamos. A mi no me hagas venir por la tarde.

SOLUCIÓN: Que se instaure la “exclusiva” al igual que en Primaria con esas 8 horas semanales (y aún siguen sobrando) para realizar equipos docentes, coordinaciones de ciclo, de nivel, coordinaciones de actividades próximas a realizar, … y no dejar a expensas del equipo directivo el tener que convocar a colectivos a reuniones de tarde en algo que el profesorado considera “fuera de su jornada laboral”.

Así que la Dirección General correspondiente (o el mismísimo Consejero) debería dar un paso al frente y realizar esta acción. Eso sí, en las mismas condiciones que en Primaria, el primer y último mes del curso, con horario reducido. Y fuera de ese horario, ni claustros, ni evaluaciones pues ya estarían incluidos. De esta manera, cuando el docente dejara el centro, no tendría que irse a su casa a seguir trabajando.

Este tiempo precioso bien dirigido puede resolver muchas de los factores que contribuyen a un rendimiento escolar desastroso.

Sólo con esta acción, ya no haría falta seguir leyendo este documento. Doblaríamos ese rendimiento.

Hay personas que podrían decir: escuche, pero el trabajo individual es necesario en ciertos casos. Pues sí, en las correcciones de las pruebas escritas, por ejemplo. Para eso tiene usted el resto de las 8 horas que no se han utilizado y preocúpese de no hacer tantas pruebas escritas y así no tendrá que corregir tanto (creo que se llama trabajo y evaluación competencial, creo).

3. Las programaciones

Ahora más que nunca, con las competencias básicas y los nuevos criterios de evaluación (llámese LOMCE) es necesaria una acción interdepartamental. Las programaciones ya no son un reducto personal e intransferible que todo el mundo sabía que existía pero no dónde, ni el qué.

En una época en la que para callar las voces de los ineptos la administración decide comenzar las clases mucho antes, no es posible empezarlas sin una programación.

Lo de la fecha de comienzo de clases ni lo voy a discutir. No sirve de nada y sé que se tomó esa decisión por lo que se tomó.

Pero está claro que en los días previos, con la incorporación del profesorado, los exámenes de septiembre, las sesiones de evaluación, entrega de notas, las notas medias, la matrícula y la formación “equitativa” de los grupos, elección de horarios y su elaboración, no hay cabida (ni tranquilidad) para que los departamentos se reúnan y hagan la programación. Y mucho menos tenerla terminada para el 11 de septiembre.

Por tanto, eso hace necesario que esas programaciones estén terminadas ANTES de iniciar las clases. Como eso no es posible en septiembre, ¿cuándo se van a hacer?

SOLUCIÓN: Pues en julio, los diez primeros días. Todo el mundo a reunirse y a elaborarlas de forma conjunta, consensuada y con sus coordinaciones horizontales, verticales y diagonales si son necesarias (acabo de perder a una gran cantidad de lectores más).

Más que nada por la tranquilidad del docente. No hay nada mejor que dejar la ropa preparada el día anterior. Claro que eso implica que el docente debe conocer qué materias le van a tocar impartir en el próximo curso, cosa que los de primaria saben pero por una razón inexplicable, los de secundaria no (este punto se extenderá más en el apartado 5. El desajuste temporal de la Administración).

Es una medida impopular, lo sé. Pero no empiezas el curso con una crisis de ansiedad.

4. La baja autoestima del docente

Éste sí que es un aspecto importante y no me refiero a la provocada por la sociedad. Esa que ya no respeta a los docentes por lo que cobran (da risa) y por las vacaciones que tienen.

Me refiero a la provocada por la propia administración incluida su gestión de nóminas.

No se puede pagar de la misma manera a una persona que se limita a hacer lo que le obligan que a otra que se molesta en formarse, mejorar y crecer como profesional. Eso no pasa en ninguna empresa privada pero sí en la pública.

Que el docente tenga la sensación de que su trabajo no es valorado y que no tiene hacia donde progresar en su trabajo porque ya no hay más, es triste. Y no sólo eso, sino que eso repercute en su estado anímico y al final en el de los alumnos que maneja.

Antes, al menos, existía la posibilidad de acceder a una cátedra. Ya ni eso.

La valoración del docente debe traducirse en el bolsillo. Usted pasará por una supervisión , pongamos, cada cuatro años. ¿qué cursos ha hecho?¿tiene publicaciones? ¿tiene investigaciones? Pues tome, un montante a final de mes. Así sí funcionan las cosas, ya lo decía Paulov. Nos movemos por estímulos. Si no hay estímulo, no ocurre nada.

5. El desajuste temporal de la Administración

Para infundir sensación de que las cosas están controladas, al menos, hay que aparentarlo. Últimamente, por la razón que sea, esa no es la imagen que nuestra Administración está proyectando a sus trabajadores. Si nos piden que hagamos las cosas correctamente habrá que dar ejemplo.

Si mis alumnos ven que no me preparo las clases, que improviso y que unas veces digo algo y otras digo lo contrario, acabarán perdiendo el respeto y con razón.

No se puede empezar las clases con unas instrucciones de principio de curso que nunca pasaron más allá del estado de “borrador”, ni aprobar una orden de NEAE en diciembre, después de cuatro meses de iniciado un curso, ni modificar los documentos de memorias trimestrales/anuales en enero, por poner unos ejemplos.

Tampoco sacar las condiciones para la plantilla el mismo día que se abre CALPLAN, o convocar oposiciones para la segunda quincena de junio, aún no terminado el curso y en el momento más importante de un centro, en el que se tendrán que ausentar profesores que deban presentarse y aquellos que sean nombrados como tribunal. Ni qué decir tiene lo de aquella convocatoria de oposiciones de inspección en 2013 en pleno mes de julio que es cuando más se los necesita. No había nadie en la Consejería de Educación que pudiera resolver los problemas del cálculo de plantilla y que se prolongó más allá del inicio del curso 2013-14. Los centros empezaron el curso sin inspección como recurso.

Se convocan reuniones simultáneas en las que uno debe elegir a cual va (plataforma de directores, zonas de inspección, Formación Profesional Básica) en la que no queda ningún directivo en los centros.

Por otro lado, está el cálculo de plantilla en julio (cuando no hay nadie) con la asignación de las materias a los departamentos. El docente se va de vacaciones y será en septiembre cuando, diez días antes de empezar las clases, sepa qué materias deberá impartir. Viviendo al límite. Ojo, que esto no ocurre en Primaria, es exclusivo de nuestra querida secundaria. Total, da igual, en favor de la “calidad” de la enseñanza, ponemos a alguien de Plástica a dar un ámbito científico de FPB y además se lo comunicamos in extremis para que no pueda prepararse nada.

Con lo del retraso en la LOMCE en Primaria, ni me meto. Veremos lo que ocurre con Secundaria.

Con esos mimbres, estos cestos.

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