El engaño de los planes de formación en los centros educativos de Canarias

Nadie duda de que la formación de los empleados, en cualquier empresa que se precie, es fundamental y que esta inversión en formación, no sólo es necesaria, sino que después repercutirá en el rendimiento y productividad de éstos y, por tanto, en el prestigio de la propia empresa.

Si hablamos de los centros educativos, la importancia de la formación en los docentes es aún mayor.

Hasta hace unos años, la responsabilidad de esta formación residía en la Consejería de Educación, obviamente, como responsable de la educación en nuestra Comunidad, que la delegó en los Centros de Profesorado de Canarias (CEP), creándolos mediante decreto 82/1994 para dar respuesta a las necesidades de formación permanente del profesorado no universitario.

Estos centros de profesorado estaban repartidos estratégicamente por toda la geografía de Canarias  y dotados de infraestructuras para poder realizar el cometido, se asignó personal capaz y muy trabajador para que llevara esta misión a cabo y estos centros elaboraban un programa de formación en función de las necesidades del momento y de la zona que administraban.

Es decir, profesionales que podían ocupar todo su jornada laboral en estos asuntos porque para eso se les pagaba.

Sin embargo, de un tiempo a esta parte, con la excusa de que la formación se debe dar en el propio centro para que sea más efectiva (gran mentira) se creó el formato de “Planes de Formación en Centros”, donde parte del trabajo que realizaban los profesionales que trabajaban en el CEP ahora debían realizarlo los propios profesores además de dar clases y para lo que no se asignan horas ni complementos salariales.

Eso permitió que se redujera la plantilla en los CEP y que se redujera, considerablemente, el presupuesto dedicado a formación porque ahora se hacía gratis.

Esta acción vino complementada posteriormente con la reducción del número de CEP en toda Canarias en el 2012, lo que aumentó la carga de los que se mantuvieron. Ahora más centros educativos dependen de un CEP.

Por tanto, más centros dentro del ámbito de los CEP, con menos personal.

Además, ese plan de formación es de obligado cumplimiento y realización para todo el profesorado, sin tener en cuenta la propia diversidad e intereses de éste. Un centro decidía realizar un plan de formación con una cierta temática y todos los docentes deben realizarlo, sin tener en cuenta si ya se tiene formación sobre ese tema, sin posibilidad de elección entre un abanico de cursos como existía antes, sin ningún incentivo.

Se obliga a que sea profesorado del propio centro quien forme a sus compañeros, como si preparar un taller o una charla llevara cuestión de pocas horas y además esta acción no se paga, porque desde hace un tiempo a esta parte, se apela a la buena voluntad para hacer las cosas.

Es decir, que determinado profesorado, aparte de programar, dar clases y evaluar, ahora tiene que asistir al plan de formación de su centro de manera obligada, le interese o no la temática y debe preparar alguna actividad. Como si de las labores que realizaba le sobrara una cantidad ingente de tiempo.

Con este panorama, la idea estaba condenada a fracasar. Ahora, se cuentan con los dedos de una mano los planes de formación en los que TODOS los docentes participan, los resultados y evidencias de estos planes no son relevantes, no todos los centros tienen plan de formación porque han generado tensión (justificada) dentro del propio profesorado, muchos suponen una pérdida de tiempo que resta del que se tiene para otras labores más productivas, …

La formación en el profesorado debe ser obligatoria, en eso estamos de acuerdo, pero para ello debe ofertarse un abanico de temas, no necesariamente por teleformación y, por supuesto, no en los centros de forma obligada y en diferentes épocas del año y horarios puesto que no todo el mundo trabaja por las mañanas y no todo el mundo tiene el mismo tiempo para dedicar a la formación, unos pueden dedicar el primer trimestre, otros el mes de julio,…

En resumen, creo que todo esto nos lleva a las siguientes conclusiones:

  • La formación del profesorado debe ser responsabilidad de los CEP, que para eso se crearon. Así que todos los recursos para este cometido deben ser asignados a éstos, tanto económicos como de personal, lo que, aunque no lo parezca, ahorra gastos de tiempo y por tanto, de dinero. No deben transmitirse a los centros educativos, que ya bastante tienen con sus obligaciones.
  • Se debe ofrecer con una temática variada a lo largo del curso y en horarios diferentes, como se está realizando ahora en algunos lugares.
  • La formación del profesorado debe valorarse sin el techo de los 6 puntos en los méritos y debe caducar. Hay docentes que no hacen un curso de formación desde hace 10 años.
  • La formación que reciben los docentes en el CEP se debe plasmar en el centro de manera demostrable y no al revés. Ahora con los planes de formación, la formación se realiza en los centros y se demuestra en los CEP de manera escrita con las memorias de estos planes que nadie lee.
  • Una empresa que no designa una parte importante de sus recursos a la formación de sus empleados y espera que los adquieran por su cuenta, nunca podrá ser una gran empresa.
  • Cuando un empleado no se forma, la empresa deja de contar con él porque no interesa. ¿Y en educación?

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s