La formación inicial del profesorado: la escasez de un sistema

Una cuestión fundamental en toda profesión es la formación inicial. Aquella que se recibe para ser, precisamente eso, un verdadero profesional, que después se verá complementada con la experiencia en el puesto de trabajo y la formación permanente que sirve para actualizar y adaptarse a los cambios.

Todas las profesiones la tienen, tanto la inicial como la permanente. Si no, no hay evolución y esa profesión termina extinguiéndose.

En educación, existen dos tipos de formación inicial, en función de la etapa a la que se accede. Por un lado, el Grado en Maestro en Educación Primaria, lo que se conoce comúnmente como Magisterio y, por otro, el máster en Formación del Profesorado de Educación Secundaria Obligatoria y Bachillerato, Formación Profesional y Enseñanzas de Idiomas para aquellas personas que realizan un grado de especialidad y quieren acceder a la docencia en estos niveles.

Tanto una como otra adolecen de ser formaciones escasas que no posibilitan a la persona a acceder a la docencia con plenas garantías. Una porque ven mucha didáctica y poco contenido y otra por todo lo contrario, mucho contenido y poca didáctica.

Educación Primaria

Magisterio siempre ha sido un estudio asociado a las humanidades, donde se ve con mucha profundidad metodologías pero con poco contenido específico. Así, nos podemos encontrar a personas que impartirán clase de ciencias en su aula de primaria y los últimos contenidos que hayan visto los hayan cursado en 3º ESO, pues después siguen la rama de humanidades y no vuelven a recibir formación en ciencias ni en matemáticas hasta que llegan al mundo profesional. De esta manera, tenemos a docentes en las aulas de primaria impartiendo estas materias sin haberlas visto en los últimos 6 años de formación.

Esto es un problema porque, en una época tan importante para forjar las vocaciones como es el tercer ciclo de primaria, el profesorado no está preparado para impartir esos contenidos con plenas garantías. Y no es culpa de ellos y ellas, porque cumplen con los requisitos que se exigen para ser docente. Es culpa de la formación que se imparte en las universidades.

La formación permanente del profesorado no puede suplir esta carencia. En resumen, Magisterio es una formación universitaria sesgada y no completa. Ni siquiera la aparición de menciones, lo más parecido a una especialidad pero sin serlo, es suficiente.

Educación Secundaria 

En cuanto a la formación inicial del profesorado de secundaria, tenemos un problema también con su máster. Es una formación de un año, impartida por profesorado universitario que rara vez cuenta con apoyo de profesorado de secundaria aunque podría, que resulta escasa, porque éste no tiene la experiencia y, por tanto no puede transmitirla, de haber trabajado en esos niveles.

Las prácticas de este máster, donde más aprende quien lo cursa porque es la vida real, se realizan en una época muy concreta del curso que no tiene complejidad, en la segunda evaluación. Una época de transición sin ningún interés práctico. No se realiza a principios de curso, donde pueden aprender a realizar una programación, tomar contacto por primera vez con su alumnado, realizarles la prueba inicial de conocimiento que sería el punto de partida de su trabajo. Tampoco se realiza en el último trimestre, donde hay que tomar decisiones en función de los objetivos logrados y donde se realizan la memoria y las propuestas de mejora.

Estas prácticas deberían estar repartidas a lo largo del curso para que quienes estudian el máster pudieran ver las distintas etapas por las que se pasa a lo largo del año escolar.

Después, a través de un concurso oposición, la respectiva Consejería de Educación tiene que elegir lo mejor que la universidad puede dar y las universidades se quejan porque el alumnado que les llega no viene bien preparado. El pez que se muerde la cola.

Durante la vida profesional del docente, su empresa, la Consejería de Educación si hablamos de la enseñanza pública, invierte grandes cantidades en su formación permanente, pero insuficiente para paliar el gran abismo que ha dejado su formación inicial.

Por tanto, uno de los aspectos fundamentales para reducir el absentismo y el rendimiento escolar y así mejorar el nivel de nuestros alumnado, pasa porque las universidades se autoexaminen y se den cuenta de que lo que están haciendo no es lo correcto. Sin esto, la educación en España no avanzará.

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